sábado, 5 de enero de 2013

A la deriva.

Algunas veces es necesario que esté conmigo mismo. Tal vez en plan de relajación o en plan de introspección pero siento la necesidad imperante de disfrutar mi momento solo. Para lo que yo quiera. Cuando quiera. Como yo quiera.
Una dosis de egocentrismo diario no es malo. Un momento de egoísmo se siente como un fuerte analgésico en un momento de dolor extremó e incontrolable. Ok, tal vez fue extrema la comparación pero ciertamente el alivio se siente igual.
Mi momento. Nadie a quien responder, nadie a quien y sólo a uno a quie acusar. Momento en que el acusado no puede siquiera agachar la cabeza y reflexionar. Los pecados y los arrepentimientos son aprendizajes que valoro cuado tengo ese tiempo. Lo complicado es tenerlo.
Lo más interesante viene cuando presiento que necesito hacer algo porque se acerca una tempestad. Estar preparado como lo haría una tripulación completa al verse acercar el huracán que no podrán esquiar. Amarres, víveres, velas, anclas, dirección y sobre todo valor. Nada queda después de algo tan poderoso, sin embargo los sobrevivientes serán los valientes que enfrentaron de frente esta tempestad. Cantes estarán de todo malestar, libres de culpas y aún así llenos de satisfacción por haber quedado a la deriva sobre apenas unas tablas pero que estoy seguro sabrán como guiarse en en medio de un nuevo panorama, aún y que el paisaje sea el mismo.

Necesito de eso muy seguido, necesito valor para estar conmigo mismo.



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